A tener en cuenta antes de que termine el plazo de presentación de instancias

Ya sé que es muy pronto para dar consejos sobre qué hacer a la hora de echar las instancias. Solo voy a contar una historia real que demuestra que hay que tener en esto los cinco sentidos. 

AUXILIAR GC

En el año 2006 estuvo conmigo un chaval de un pueblo cercano. Les informé a todos de los requisitos necesarios. Junto con otro compañero, este chaval del que os hablo, había sido objetor de conciencia del servicio militar (La Mili).

No había problema, solo tenían que ir a Huelva, a la Subdelegación del Gobierno y, rellenando un documento, solicitar la renuncia a tal situación. Solo con ese pequeño gesto dejarían atrás su condición de objetores de conciencia y no tendrían problemas para presentarse a la Guardia Civil. Eso sí, tendrían que hacerlo antes que terminara el plazo de presentación de instancias. Teniendo en cuenta que estábamos en septiembre y que, normalmente, el plazo suele vencer a últimos de abril o mayo, les sobraba tiempo.

Pasó el año, les ayudé con lo de las instancias y en junio se presentaron a las oposiciones. Buenas notas. El chaval del que hablamos, unos 95 puntos, si no recuerdo mal.

Pasaron igualmente las físicas, el médico y el psicólogo. Por entonces se hacían en ese orden.

Ya tenía su plaza. Ahora a esperar a incorporarse a la Academia de Baeza en el mes de septiembre.

Un día del mes de agosto, de cuyo nombre no quiero acordarme, me llamaron desde el Puesto de la Guardia Civil de Jabugo. Querían localizar a una persona. Sabían que yo podía ayudarlos.

Era .- decían.- sobre los procesos selectivos. Una notificación para un chaval a los que yo había estado ayudando. 

Este amigo había olvidado ir a Huelva y no había renunciado a su condición de objetor de conciencia. El otro compañero sí lo hizo y para él no hubo notificación.

Como no lo hizo en tiempo, no hubo forma de recurrir nada, a lo cual yo estaba dispuesto a echarle una mano. Así que quedo fuera del proceso selectivo después de haber pasado, con muy buena nota, todas las pruebas.

Pero como esto no es una historia triste, tiene un final muy feliz. Feliz, pero con un año de retraso. Ese mismo septiembre volvió a venir a las clases y al año siguiente volvió a aprobar. Esta vez con mejor nota aún. No se había olvidado, por supuesto, de ir a la Subdelegación y arreglar “los papeles”.

MORALEJA: Urbanización de lujo a las afueras de Madrid. jejejeje. No, no. La moraleja es que no hay que dejar las cosas para el último momento. Si tienes que hacer algo, lo haces y te quedas tranquilo.

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